
General público
Que el mundo camina hacia una moneda o algún sistema de pago electrónico no tiene vuelta de hoja, la propia dinámica de la sociedad actual lo exige, celeridad y comodidad en las transacciones son la parte positiva, lo hemos visto en la Bolsa y en otros muchos ámbitos durante los últimos años. Tendencia que se refuerza por el interés del "poder" en facilitar un sistema que pueda ser absolutamente controlado y un sistema digital lo sería hasta en el último de sus movimientos. Tiene ventajas, es indudable. Pero también esconde grandes peligros. Por un lado el control sobre los movimientos de dinero sería total, en principio muy útil para evitar actividades delictivas pero llevado al extremo puede implicar un control sobre los ciudadanos normales y un uso abusivo o retorcido de dicha información. Por otro lado sería una moneda virtual que no tendría contraprestación física alguna y que por tanto no podrá guardarse en cartera, bolsillo o caja fuerte con el componente de inseguridad que ello conlleva. Un peligro más es que el sistema monetario sería totalmente dependiente de la electricidad y la informática, lo que acarrea dos nuevos problemas, el primero que las empresas que controlen dichos sistemas serán todopoderosas y ya saben, poder total, corrupción total, y el segundo que una sistema así sería totalmente vulnerable a un fallo generalizado eléctrico- informático que puede ser causado de muchas maneras, desde un pulso mágnetico, hasta una erupción solar, pasando por ciberataques. De película, pero absolutamente cierto.
Bitcoin va tomando cuerpo. La criptomoneda se va haciendo popular con gran celeridad y la especulación está desatada, sólo hay que ver el movimiento del precio. Se presenta como una alternativa independiente a un sistema cargado de deudas y que hace un uso excesivo de la imprenta. Mi opinión personal es que, una vez más, es un experimento del propio sistema (de lo contrario no hubiera podido llegar donde ha llegado) como ya se ha hecho tantas veces en otros apartados, con el fin de comprobar si es viable una moneda única, digital y de ámbito mundial. El sistema monetario ha llegado a un punto sin retorno y busca fórmulas para recomponerse bajo un nuevo modelo. Es el principio de lo que he anunciado tantas veces desde aquí. No será bitcoin pero el dinero acabará convirtiéndose en algo parecido. El dólar tiene los años contados.
Desde que se produjeron las velas de vuelta el 30 de octubre, lugar donde finalizó de forma generalizada la onda 3, el comportamiento del Dax se ha distanciado del resto de índices, pero de forma muy especial con el Footsie, un hecho sin precedentes puesto que ambos índices solían replicar los movimientos del S&P. Ahora vemos al Footsie desmbarazarse de ese paralelismo y al Dax exagerarlo. Es una señal muy a tener en cuenta. Hoy vemos al Dax hacer máximos desde esa fecha y al Footsie mínimos. La diferencia de comportamiento en un mes se va al 8%. No encontramos otra situación igual.
China deja caer una bomba que fue casi totalmente ignorada por los medios de comunicación en los Estados Unidos. El banco central de China ha decidido que “ya no está a favor de acumular reservas de divisas”. Durante el tercer trimestre de 2013, las reservas de divisas de China alcanzaron un valor de 3,66 trillones, la mayor parte dólares.
Muchos acudieron a la partida de póker del siglo, desde el norte y el sur, adinerados y humildes. Cada cual trajo aquello que sabía producir. A la entrada del recinto les canjearon las pertenencias. Cosechas, muebles, utensilios, minerales, tejidos, herramientas, ingeniosos inventos, todo cuanto puede imaginarse a cambio de fichas. Arriesgaban el fruto de su trabajo soñando enriquecerse.
Cuando todos los bienes fueron valorados y convertidos se sentaron a la mesa y comenzó la partida. Los jugadores apostaban con cautela esperando una buena mano, salvo un tipo que desde la primera jugada aventuró gran parte del capital disponible. Nadie le plantó cara y fue acumulando ganancias hasta que alguien recibió unas cartas inmejorables y aceptó el reto. El montón de fichas del sujeto codicioso descendió rápidamente.
Detrás de él, de pie, vigilaba un hombre con barba que irradiaba autoridad. Nadie se atrevió a abrir la boca, pero cada vez que el caudal de fichas del tipo nervioso descendía aquel sujeto se metía la mano en el bolsillo de la chaqueta y las reponía.
El ambiente acabó de enrarecerse cuando el sheriff fue retirando el 10% del haber de cada jugador para sufragar los gastos de la organización.
Tres horas después de iniciada la partida y a pesar de haber perdido una gran cantidad de manos, el protegido del tipo solemne tenía el 40% de todas las fichas sobre la mesa.
Uno de los participantes no aguantó más y se alzó enfurecido.
- ¿Quién organiza esto?
- Yo- contestó lacónico el hombre de la barba.
- ¿Y usted es…?
- Mi nombre es Ben, es cuanto debe saber- sentenció con tono gélido.
El jugador decidió calmarse y retomar su asiento cuando el dueño del local, el sheriff y el funcionario que certificaba la legalidad del evento se lo indicaron amablemente con un gesto orquestado de cabeza.
Recobrada la normalidad se giró con precaución hacia su compañero de mesa.
- ¿Y el tipo que apuesta quién es?
- No lo sé, escuché a alguien que le decía Morgan, pero otro antes le había llamado Sachs. Lo que sé es que tiene una fábrica.
-¿De qué?
- ¡Fichas!
Ahora apueste usted ¿cómo acabará la partida?








