Transición a un nuevo mundo

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Agustín López
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Jul 04 Artículo

Ninguna de las grandes culturas imperantes de la antigüedad fue consciente de que había entrado en la fase final  de descomposición hasta el momento en que otra cultura emergente, futuro paradigma, comenzó a imponerse repetidamente en los aspectos financiero, comercial y productivo. El que decae, siempre ciego a la nueva realidad, cree que mientras mantenga la supremacía militar seguirá conservando el status de líder, razón por la cual el testigo suele cambiar de manos a través de la fuerza. Hasta la fecha el conflicto bélico ha sido el que ha marcado la frontera de transición entre las distintas etapas de hegemonía .

Siempre ha habido, sin embargo, mentes lúcidas que supieron ver el proceso mientras se estaba desarrollando y lo hicieron público con más o menos fortuna, estos visionarios reconocieron los síntomas que presentaban sus sociedades y que guardan unos patrones comunes. Malestar de la población, distanciamiento entre gobernantes y gobernados, corrupción, manipulación, superficialidad, intriga, conspiración, opacidad, autocomplacencia, hedonismo, falsedad, injusticia, ostentación, abuso de poder, desilusión, reiteración de errores, maniobras de distracción, ocultación, secretismo, defensa a ultranza de privilegios, materialismo, incapacidad para adoptar nuevos puntos de vista, control férreo, proteccionismo...Una energía rancia y gastada, falta de fuerza y frescura que huele a viejo y a miedo, a modelos agotados y caducos. Las culturas, como todo lo existente, nacen, se desarrollan y mueren, y el proceso de envejecimiento nunca es fácil de aceptar ni de reconocer.

El modelo occidental decae por más que sus líderes se fotografíen sonrientes e impecablemente trajeados en constantes reuniones en las que discuten medidas que raramente acaban materializándose en soluciones reales y no representan más que remiendos cuya filosofía es cambiar algo para  que todo siga igual.

Los ciclos retornan una y otra vez, es el pulso alternante de la existencia, siempre igual y siempre único, la misma nota pero en una escala distinta. Lo que está ocurriendo en la actualidad ya ha sucedido otras muchas veces, está es la parte cíclica común, el sello distintivo lo determina la globalización y la tecnología. Nuestro planeta parece haber encogido y está obligado, por las fuerzas evolutivas, a encontrar un destino común para todos los seres que lo habitan. La interconexión y la interdependencia nos han llevado a un punto sin retorno, ya no caben soluciones parciales ni la imposición de intereses fragmentados o territoriales, el desarrollo de la tecnología armamentística no permitirá transiciones a la antigua usanza, porque esta vez todos perderían. El ser humano tendrá que demostrar que su conciencia ha crecido al mismo ritmo que su capacidad técnica y sustituir los viejos esquemas de competición por los de cooperación superando las fuerzas establecidas que se resistirán a abandonar sus posiciones de privilegio.

El camino hacia la unión global es la única alternativa, esto representa un salto cuántico que puede desembocar en el mayor estado de bienestar que jamás hayamos disfrutado o en un caos sin precedentes. Quién lo dirija, cómo y con qué fines marcarán la diferencia.

 Hoy  no abrirá Wall Street, celebra el aniversario de aquel día en que unos cuantos hombres y mujeres que habían llegado del viejo mundo llenos de ilusión y con una nueva visión de la realidad, constituyeron una nación que en muy breve espacio de tiempo se convertiría en líder del planeta y que ya presenta síntomas de envejecimiento con tan sólo 235 años. Si tomamos perspectiva y lo comparamos con los miles de años que duró el primer gran imperio, el egipcio, nos haremos conscientes de que el tiempo se ha ido acelerando en espiral hacia un punto central, llegados al vórtice podríamos acceder a un nuevo mundo distinto al de ciclos anteriores que quizá no sea más que un primer ciclo dentro de otra espiral que acabará de iniciarse.

En otro momento volveremos a hablar de resistencias, soportes,  tendencias y precios, navegando por esta peculiar actividad que hemos elegido como forma de vida en una  época, más peculiar aún, que vuela sin permitirnos tomar un respiro. Hoy aprovechamos  este día de tranquilidad para separar las narices de la pantalla y mirar un poco más lejos reconociendo que somos parte de una entidad mucho más grande que se conforma con lo que pensamos, sentimos y hacemos. El futuro es una responsabilidad común. Seamos cada cual como queremos que sea la realidad y así será.

 

 

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