Señales

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Agustín López
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Feb 20 Artículo


Los grandes hombres de negocios y los más hábiles especuladores tienen una característica común, saben reconocer las señales clave de una situación. Estas señales son pequeños detalles, o no tanto, que suelen pasar desapercibidos para el común de los inversores y que por supuesto no tienen nada que ver con los titulares de prensa.

Las palabras de un político, del presidente de una multinacional, del gobernador de un banco central o del director de un organismo internacional son las que conviene que sean y no van dirigidas tanto a arrojar luz como a orientar a la opinión pública en la dirección deseada. Sin embargo sus actuaciones, desmenuzadas hasta descubrir la pauta matriz, o su lenguaje no verbal, controlado por el inconsciente, son absolutamente reveladores y en la mayoría de los casos muy diferentes, cuando no contrarios, a su discurso. Reconocer estos signos y saber interpretarlos son herramientas muy poderosas.

Un ejemplo vale más que cualquier argumento.

Durante el desarrollo del boom inmobiliario me asaltaba a menudo la sensación de que tanta efervescencia no tendría un final feliz, los hechos eran simples, se construían más viviendas que en Alemania, Francia e Italia juntas, la sky line de cualquier gran ciudad dibujaba un bosque de grúas, media España trabajaba en la construcción, conocidos que no sobresalían por una lucidez especial se transformaban en gurús inmobiliarios, se compraba sobre plano, en cada esquina había una inmobiliaria. El detalle final se sumó al encontrarme a un ex cliente de mi etapa de gestor que me relató que se dedicaba a obtener préstamos para inmigrantes, sujetos cuyo único haber era un puñado de ilusiones. Mi conocido rellenaba los formularios que firmaban los clientes y después gestionaba los préstamos con el banco que los concedía sin ver siquiera al titular, un docena diaria me contó.

Era innecesario darle más vueltas, los bancos no son estúpidos, al menos los cerebros que diseñan las líneas maestras, no había duda de que se avecinaba una gran tormenta y tenía visos de que podía ser inducida.

La primera señal concluyente la aportó el Sr. Botín, le observo desde que el Santander era el más pequeño de los siete grandes bancos españoles, cuando el Sr. Escámez, entonces presidente del Banco Central, era el patriarca. Había seguido su ascensión meteórica hasta convertirse en un coloso de nivel mundial, y aunque tardé años en darme cuenta, ahora sabía que su éxito no se debía tanto a una vista de lince como a su relación con las “grandes conexiones” donde todo se fragua, pero esa es otra historia. Lo relevante es que en el verano del 2.006, Banesto, propiedad del Santander y dirigido por la hija de Botín, decidió vender la inmobiliaria del grupo, Urbis, hoy en concurso de acreedores, y él mismo empezó a planear una venta generalizada de inmuebles. Era suficiente para suponer que el momento de ignición estaba cerca.

Cuando a principios del 2.007, los sujetos más representativos de los ámbitos político y financiero no perdían ocasión para manifestar que no había burbuja inmobiliaria, la situación estaba madura. Los hechos que conocía y la sólida tendencia alcista del oro, me llevaron a valorar que quizá la crisis no era totalmente natural, una burbuja de crédito puede ser un gran negocio, al alza, a la baja y en el río revuelto posterior. Si estaba en lo cierto sólo había una forma de pincharla, cortar la liquidez en seco, así que decidí vigilar las inyecciones de la FED en el mercado. Finalmente el 27 de abril se produjo el suceso esperado, la Reserva Federal dejó de insuflar dinero como venía haciendo durante años y comenzó a drenarlo. Un par de meses después mantenía esta política lo que avalaba la hipótesis y además el Sr. Botín materializaba la venta de inmuebles más grande de la historia española, se deshacía de 44 sedes y 1.200 oficinas, incluyendo la emblemático edificio del centro de Madrid y parte de la ciudad financiera que construía en las afueras. Se quedaba en algunos de los inmuebles vendidos como inquilino con opción a compra, lo que hacía presumir que esperaba una caída significativa en los precios y que albergaba la posibilidad de recomprar con el tiempo. Era obvio que no quería ni un ladrillo más de los estrictamente imprescindibles, por más que de palabra manifestase que buscaba liquidez para salir de compras por el sector financiero.

Estudié los gráficos buscando el pico de la onda alcista en curso que se produjo en julio y alerté a quien quiso escuchar que se aproximaba un mercado de osos.

A pesar de ello la inercia alcista era tal que el resto del año los mercados oscilaron en lateral. Los sostenía el efecto psicológico pero el combustible, el dinero, había desaparecido, sólo era cuestión de tiempo.

El puzle se completó a principios del 2.008, en plena contienda electoral se televisó un debate entre el Sr. Pizarro por el PP y el Sr. Solbes, ministro de Economía, por el PSOE, no suelo presenciar eventos políticos pero ese día lo hice, aunque sólo unos minutos, los justos para ver aparecer al ministro con un parche en un ojo. Se puede engañar al público pero no al propio cuerpo, aquel hombre se sentía obligado a ignorar la realidad por conveniencia política, pero a sí mismo no pudo convencerse. Le conocía desde hacía mucho tiempo y sabía que era un buen gestor, cuidadoso y pulcro ¿cómo debía ser la situación para no querer ni verla? Era el momento, una deducción que puede parecer arriesgada, pero que se confirmó con los acontecimientos en cascada que se produjeron durante los meses posteriores, verdaderamente dramáticos. Un año después, preguntado por la dimisión de otro ministro, creo que el de Justicia, declaró que sentía envidia y no tardó mucho en seguir sus pasos. Era evidente que, al menos aquí, lo peor estaba aún por venir y no encontró mejor solución que poner tierra de por medio.

Los acontecimientos diarios pocas veces son lo que parecen y asuntos que se antojan muy lejanos están interconectados, en el ámbito financiero no se dan puntadas sin hilo, un complicado entramado de intereses y planes inconfesables a los que sólo se puede hacer frente con una mente abierta en alerta. Si cree que la realidad se configura eligiendo cada cuatro años un decorado de gaviotas o rosas, debería ir despertando.

En los últimos 25 años el capital se ha ido concentrando en unas pocas manos al tiempo que el desarrollo tecnológico ha facilitado la producción hasta el punto de hacer mucho menos necesaria la intervención humana, y mientras la población mundial ha crecido hasta los 7.000 millones. La mano de obra aumenta y su demanda decrece, el empleo se desequilibra y los recursos naturales se convierten en la pieza esencial del futuro inmediato. Esto llevará a cambios sin precedentes y transformará la economía y el mundo tal y como lo conocemos.

¿Tiene esto que ver con el caos y la pobreza que vive África? ¿Y con el especial carácter de los gobiernos latinoamericanos? ¿Y con el desmantelamiento generalizado de regímenes en los países árabes? ¿Con las actuaciones del FMI?

¿Hay alguna relación entre las matanzas de pistoleros perturbados que se están produciendo en EEUU y una posible prohibición de tenencia de armas? ¿Y si es así, cual es el verdadero motivo para desarmar a la población? ¿Porqué es cada vez más común limitar los pagos en efectivo en los países europeos? ¿Qué persigue en último término la actual política expansiva? ¿Para qué se creó el euro?¿Porqué se concentra el sector financiero? ¿Qué motiva a los bancos centrales de Rusia y China a seguir acaparando oro? ¿Dónde conduciría una guerra de divisas? ¿Porqué los grandes magnates compran tierras en Argentina, posiblemente el país con mejor ecuación en el binomio población-recursos?

No se acaban los puzles sobre la mesa. Las señales, siempre, en la letra pequeña.

 

 

 

 

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