La tristeza del oso

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Agustín López
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Abr 30 Artículo

La crisis actual debería levantar un monumento al oso desconocido ¿cuántos habrán desaparecido, habiendo enjuiciado la realidad económica con tino, a manos de una manipulación histórica, luchando de forma desigual contra Bancos Centrales, banqueros y políticos?

Siempre es triste ser oso, la propia naturaleza de este lado del mercado implica la carga de la parte más desagradable de la especulación, pero en esta ocasión es dramática, años de lucha sin tregua, acechados en cada esquina, en cada declaración, en cada maniobra y además, irónicamente, culpabilizados de todos los males.

¿Por qué decide un inversor convertirse en oso? ¿por qué no se conforma con abandonar el mercado hasta que haya buenos precios de compra y se empeña en atrapar movimientos descendentes que forzosamente tienen que ser limitados? ¿qué enciende la chispa que le convierte en bajista de forma continuada?

Siempre me han gustado los aspectos psicológicos del mercado y éste es de los más apasionantes. He conocido bastantes osos, la mayor parte en los últimos años, es natural, estamos en un periodo correctivo. Intentaré bosquejar un perfil.

El oso es miope, sólo ve bien en distancias cortas, su carácter es contractivo y cortoplacista, es un francotirador que no se aleja demasiado de su guarida, poco dado a los sueños y las aventuras, su terreno de caza es siempre el circundante, el entorno en el que se cree seguro. De hecho le cuesta mucho alejarse de los precios en los que ha estado operando recientemente.

Su mente se rige por el principio de escasez, intenta avanzar a base de acumular pequeñas capturas, aunque siempre espera encontrase en el futuro con un crack que le llene la despensa, esa gran pieza que verá un par de veces y que difícilmente atrapará de forma completa dada su inquietud y constante movilidad.

Aunque parezca lo contrario, el oso es impaciente. Mejor dicho, es paciente mientras acecha la presa, pero no lo es cuando la atrapa. Puede seguirla durante meses para después conformarse con un único zarpazo.

El oso es resistente, obstinado, constante, sufre, pero no abandona la lucha. Podría decirse que es un poco masoquista. Esta faceta ya está presente en su planteamiento inicial, aunque no todos son conscientes de ello. El lado bajista del mercado es ingrato, el máximo beneficio que se puede obtener es el 100%, nada baja de cero, y además es una utopía. Alguna vez verá descensos del 50%, pero la mayoría no pasarán del 20%, y lo habitual es que sean testimoniales. Además, cuando está en el lado correcto, su posición, a medida que avanza, obtiene menores beneficios, mientras que si le va en contra sus pérdidas son cada vez mayores.

Esta es la razón por la que el oso vive en la desazón constante cuando no en la angustia.

El toro, si la situación va mal, puede desconectar y olvidarse el tiempo que haga falta, sabe cual es el límite máximo de su pérdida, pero el oso no, descuidar su posición puede costarle la existencia.

El cinismo, es otra de las facetas del oso, resulta duro ver como toros inexpertos, pueden ganar en unos meses tantos por cien que él no conseguirá en una década a pesar del trabajo y la destreza.

El oso es también obsesivo, la necesidad de estar pendiente del mercado de forma continua le va interiorizando hasta que la caza se convierte casi en su único estímulo vital. Este es un precio que paga, al margen del planteamiento económico, renunciando a otras facetas de la vida, el tiempo y lo que sacrifica con su renuncia es un peaje para el oso, en algunos casos el más importante.

Entre los osos es frecuente encontrar ludópatas camuflados, la seriedad de lo que se traen entre manos disfraza una adición a la adrenalina que implica estar al acecho o de caza de forma permanente.

La operativa bajista tiene además un componente adictivo, el inconsciente se va acostumbrando a focalizar un lado de la realidad de forma que el otro desaparece, he visto situaciones verdaderamente hilarantes. Un oso que había atrapado el tramo bajista correspondiente al colapso de las torres gemelas. Recuerdo que era 21 de septiembre a mediodía, estaba inquieto, no quería dejar escapar los 1.000 puntos de beneficio que llevaba en Ibex. Antes de que abriera Wall Street había puesto varias veces órdenes de recompra que anulaba sistemáticamente. Yo esperaba una apertura a la baja para comprar y lo había comentado con él. Eso le ponía aún más nervioso. Finalmente no aguantó la presión y liquidó al mercado. Respiró aliviado y sonrió mientras decía “me voy a tomar café”. Cuando volvió la sesión americana ya estaba en marcha y el mercado rebotaba después de haber abierto con gap bajista. ¿Has comprado? me dijo. Sí, contesté. ¿A cuánto? No recuerdo el precio exacto creo que era 6.200 y ya estaba 100 puntos más alto.

Puso un gesto torcido y le pregunté ¿querías comprar? Me miro como si hubiese visto un fantasma y sentenció ¿Comprar? Lo que me jode es que se me hubiese hecho la primera orden que puse. El protagonista de esta historia acabo mal. Lo sentí de verás, es un ser extraordinario. Le he visto varias veces después y no deja de asombrarme. En su caso particular fue una bendición separase de su dinero, hoy es una persona positiva y feliz, pero no es el desenlace habitual.

Aprovecho esta anécdota para desembocar en el aspecto esencial del oso. El riesgo. El oso acaba por desesperar ante tanto esfuerzo y tan poco fruto. Está cansado intelectual y/o emocionalmente en la mayoría de los casos y finalmente decide apalancarse más de lo prudente, no ve otra salida. Las emociones se le cruzan y se arrima demasiado al toro. Suele ser el final.

La otra forma de morir del oso es la descapitalización, las muchas batallas le van arañando el patrimonio, hasta que es consciente de que con los recursos que le restan ya no va a ningún lado. Vencido suele entregarlos en un último zarpazo.

El oso patológico suele ser fruto de un shock, una gran pérdida o una gran ganancia en sus operaciones iniciales, las primeras impresiones marcan profundamente. Lo peor que le puede pasar a un oso es comenzar con buen pie.

Estas reflexiones no van en contra de utilizar el lado corto del mercado, personalmente nunca he obtenido ganancias más rápidas como con una estrategia de futuros y opciones a la baja en el año 2.000. Pero creo que como los buenos vinos, los cortos son para las ocasiones, y aunque ahora puede ser un buen momento en algunos índices, ser oso por sistema es triste y en mercados manipulados como este “horror-oso” Su salario, cuando lo obtiene, es el más duramente alcanzado. El oso necesita un control emocional absoluto y afinar en extremo con las incursiones en el mercado.

El oso es solitario y distante, no cae demasiado bien a nadie, quizá porque gana cuando los demás pierden, pero nadie se acuerda de él cuando vuelve la fiesta. Miento, su bróker le ama profundamente y reza a diario para que tenga una larga vida.

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