IN GOD WE TRUST

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Agustín López
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Sep 07 Artículo

El sistema económico actual no puede entenderse sin dos acontecimientos esenciales: la creación de la Reserva Federal en 1.913 y el abandono del patrón oro en 1.973.

Estos dos hechos son imprescindibles para entender la dinámica económica y financiera que está llegando a su clímax en esta época.

En las navidades de 1.913, de forma extraña y rocambolesca, se forzó la presencia del número necesario de congresistas, estando el Congreso de vacaciones, y se aprobó la ley que daba origen al banco central estadounidense. La institución, que se presenta como “federal”, no lo parece tanto cuando se estudia a fondo, hay extensa documentación que puede consultarse.

Se creó con las funciones de emitir papel moneda, establecer los tipos de interés, estabilizar la economía, controlar la inflación y evitar las crisis económicas.

Cien años después el balance es incontestable, en ningún otro periodo se han emitido más billetes, se han multiplicado más deprisa los precios, se han producido más colapsos  y se ha vivido una economía más oscilante ¿cómo ha llegado entonces a ser el punto neurálgico del sistema?

Quizá la pregunta podría formularse de otra forma ¿porqué un Estado transfiere a un tercero la facultad de emitir dinero y después paga intereses por ello? ¿a quién beneficia? ¿quién satisface esos intereses?

Calificar al sistema económico actual de crediticio, es querer ver el vaso medio lleno, también podría verse al revés y afirmar que es un sistema de deuda. Se denomine en los términos que se quiera lo fundamental es que conduce al aumento continuo de la deuda global. A los agentes intervinientes puede irles mejor o peor, pero el conjunto se endeuda progresivamente. En épocas de dureza económica como la actual es frecuente, a la vista de la situación económica general de los individuos, empresas y Estados, preguntarse ¿dónde esta el dinero? La respuesta lleva implícito el propio destino del sistema: en ningún sitio.

Toda impresión de moneda agrava el problema porque hace cada vez más difícil saldar las deudas que generan los intereses que conlleva. Dicho de manera simplista, si se bombean 100 dólares al sistema a un tipo de interés del 2% al año siguiente su receptor tendrá que devolver 102 y un año después 104, lo que es imposible porque los 4 dólares de interés no existen, no están impresos. Puede ser que al sujeto en cuestión consiga los 104 dólares y más, pero será siempre a costa de otro al que le falten los cuatro dólares, más los propios intereses de su deuda.

Con el tiempo necesario la economía productiva acaba entregando sus frutos a la economía financiera. El proceso puede camuflarse durante un tiempo indefinido a través de la inflación o con la impresión de grandes cantidades de dinero nuevo a tipos muy bajos, como está sucediendo ahora, pero ello sólo conseguirá que el problema engorde más lentamente, una sensación de alivio relativo, la deuda seguirá creciendo y con ella  la tensión del sistema. Las burbujas van explotando dentro de otra gran burbuja que las contiene a todas y que tiende a explotar también ¿Cuándo? Se puede responder con otra pregunta ¿cuántos soplidos necesita un globo para estallar?

En 1.973 el sistema “crediticio” crecía a tal velocidad que cualquier gráfico que se observe es exponencial (Bolsas, inflación, etc.) por lo que que el patrón oro se convirtió en un corsé insoportable, de forma que fue abandonado para permitir su expansión acelerada y en los años noventa la velocidad era tal que las entidades financieras comenzaron a aumentar la cantidad de veces que prestan el dinero de sus depositantes y a desarrollar productos derivados que permiten manejar cantidades de dinero mucho mayores que el dinero físico que las respalda, es el apalancamiento, dinero-aire, dinero-virtual, que alcanza hoy montantes desproporcionadamente superiores a los de la economía real.

Fue en 1.957 cuando los billetes de dólar dejaron de certificar que dicho documento al portador estaba respaldo por oro o plata que se podía canjear en el banco central, para incluir la frase “in god we trust” (en Dios confiamos) Ahora es “god” quien respalda el dinero, dejando patente que cuando llegue el momento el valorado rectángulo de papel mostrará su verdadera naturaleza. Ha sucedido muchas otras veces, las monedas desaparecen con el ocaso del modelo que las engendró.

La crisis financiera del 2.008, los más de cuatro años que lleva la Reserva Federal emitiendo dinero, las rápidas transformaciones geopolíticas, las amenazas bélicas, las maniobras que se observan en el precio del oro, son síntomas de que la presión es muy alta.

¿Cuántos soplidos aguanta un globo?

Los más adelantados ya hace tiempo que dieron un paso atrás y entornaron los ojos…¿cuántas burbujas más, cuantos años?

Bernanke se marcha en unos meses, ya ha soplado lo suyo, poco cambiará con quien le sustituya, no son los individuos, es el modelo.

El oro quiere ser el termómetro, aunque hay poderosos intereses en sabotearlo, cuando despegó en el año 2.000, de puntillas, como la hacen las tendencias, no fue mirando la dirección que tomarían los precios, sino impulsado por aquellos que veían tal tensión en el sistema que se sentían más cómodos confiando en “gold” que en “god”.

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